jueves, febrero 11, 2010

Tombuktú



Desde hace algunos días puedo decir que conozco Tombuktú, no el lugar pero sí el libro -a pesar de tener un amigo atrapado allí en el desierto africano-, una novela de Paul Auster que relata con la perspicacia de su narración, y una tercerra persona que parece una primera, las andanzas de un perro llamado Míster Bones y su amo Willy G. Christmas.

Esta novela la compré hace un par de años en Lima, en una librería llamada El Virrey, lugar que frecuento cada vez que voy a la capital peruana. El libro lo llevé en mi maleta de viaje a Holanda. Intenté leerlo en el avión, pero el cansancio y la pereza además me vencieron cuando intenté pasar las primeras páginas. Empolvado y casi olvidado en mi estante decidí volver a sus hojas desde el comienzo hace menos de una semana. Y lo leí de principio a fin.

"Míster Bones es un perro de raza indefinida, pero de una inteligencia muy precisa. No habla inglés, pero tantos años escuchando el incesante torrente verbal de su amo hace que lo comprenda a la perfección", dice la contracarátula. A la mitad de la novela el amo de Míster Bones muere, y el perro se ve en la encrucijada de buscar un nuevo hogar. Encuentra primero a un niño chino que lo lleva a su casa y lo hace dormir en una caja de cartón detrás de su jardín como un clandestino. Y después de escaparse de allí, halla a una familia adinerada que lo adopta si respeta un sistema definido: con reglas de que no ensuciase la casa, por ejemplo, y de que visite la peluquería de perros cada cierto tiempo, entre otros.

"Es que es tan sólo un perro", decían, sin importarles los sentimientos del can.

Bones sueña con Tombuktú durante el relato, un lugar imaginario, que en la vida real es Timbuktú, un pueblo africano en medio del Sahara, rodeado de "doscientos kilómetros de nada", dice un amigo mío que está ahora allí desesperado sin poder sacar dinero del banco pero sí usar el internet. Y Bones, el perro, está seguro de que su antiguo amo se fue allí después de la muerte. Al lugar perfecto, donde las almas emigran después de muertas y los perros hablan con los hombres en pie de igualdad. Quizás.

Una mañana, la familia decide irse de vacaciones y dejar a Míster Bones en un hotel para perros. Bones se enferma, no acepta que le hayan quitado su libertad y sueña durante las noches constantemente con su antiguo amo quien le habla desde Tombuktú. Entonces decide irse detrás de su viejo amigo. Se escapa del hotel para perros y se lanza a una autopista de cinco carriles, donde coches van y vienen a más de cien kilómetros por hora. Sabe que en cualquier momento un vehículo lo va a atropellar y que en cualquier instante estará con Willy G. Christmas en Tombuktú.

El relato me deslumbró por la capacidad de Auster de entrar en la piel del perro y relatar a partir de la mente del animal una historia tan conmovedora, y de retratar las situaciones de la condición humana. Por un lado la libertad en contraposición al sistema, y el amor contra la agresión. Sin duda un libro que vale la pena leer y no dejar empolvado en los estantes de libros.

domingo, febrero 07, 2010

Historia de un (casi) secuestro



Días antes de llegar a la frontera, un taxista saharauí nos advirtió en un buen español de no ir a Mauritania. “La cosa es grave allí, el gobierno no vela por la seguridad ni siquiera de sus ciudadanos, allí nadie va a protegerlos o defenderlos, la gente lleva armas en los bolsillos”, decía. El taxista vivía en Dakhla y perteneció alguna vez a los grupos polisarios saharauíes. Ni siquiera él se atrevía a pisar la región vecina.

Aquella mañana mientras descansaba en mi buhardilla en Roermond, una ciudad del sur de Holanda, abrí un periódico español y encontré una noticia relacionada a un secuestro en Mauritania, el país africano. Recordé en ese instante las imágenes del viaje que yo acababa de realizar desde París hacia Dakar en bicicleta. Las noticias informaban sobre la desaparición de tres ciudadanos españoles que en la misma carretera, incluso, en el mismo lugar donde nosotros comimos, descansamos y amanecimos, fueron secuestrados.


La noticia dio la vuelta al mundo en pocas horas. Periódicos en Francia, Holanda y Alemania también la publicaron; tres ciudadanos españoles iban en convoy con un grupo de trece vehículos cuatro por cuatro hacia Senegal. Su objetivo era brindar ayuda humanitaria. Y para llegar a su destino debían cruzar por carretera la República Islamítica de Mauritania, es decir, atravesar todo el desierto del Sahara de norte a sur en dirección a Senegal.


Mauritania es un país del noroccidente africano. Tiene pocos años de edad como república; se independizó de Francia en 1960. Su capital, Nouackchott, es una ciudad de olores marítimospor estar ubicada a orillas del Atlántico. Gran parte de su población se dedica a la pesca artesanal. Algunos le llaman la ciudad del caos por la mezcla entre lo arcaico y lo moderno, por la pugna entre los grupos moros y no-moros, y las numerosas dictaduras que año tras año asaltan la casa de gobierno.


Días después de leer la noticia del secuestro, los noticieros informaban que Al Qaeda había confirmado la autoría del mismo. También la captura de un botánico francés en Malí. La versión magrebí del grupo terrorista más perseguido por occidente (la amenaza del terror) estaba escondida en Mauritania. Y nosotros lo sabíamos, aunque lo ignorásemos.


Nosotros éramos una caravana de ciclistas llamada El París Dakar en bicicleta. Veníamos pedaleando más de seis mil kilómetros desde París. Y debíamos cruzar este país para llegar a nuestro destino.


Los datos de viaje no recomendaban viajar, nosotros teníamos ya en nuestras mentes el peligro que implicaba pedalear por ese territorio. Habíamos escuchado hablar del asesinato de un ciudadano norteamericano en julio en Nouackchott, también del secuestro de un grupo de ingleses en Malí; además del famoso rally Dakar que se mudó a Latinoamérica. Sin embargo, a pesar de los hechos, nosotros continuamos con nuestro propósito: llegar a Dakar. Además, los ministeriores de Relaciones Exteriores de varios países de Europa no publicaban ninguna advertencia seria sobre ese país islámico: sólo tres de seis estrellas de peligro.


A pesar de las advertencias cruzamos la frontera un mediodía de noviembre. Esperamos varias horas a las autoridades de ese país bajo el sol del Sahara en una oficina de migraciones de madera y lata reciclada. Allí era posible cambiar dinero a ouguiyas, moneda nacional, y beber varias latas de coca-cola que no sé de dónde las traían. Los guardias del destacamento tardaban alrededor de diez minutos en escribir un nombre y un apellido. Y nos decían: “Je suis fatigé”, a cambio de unas monedas debajo de la mesa. Ellos debían por obligación transcribir nuestros nombres en un cuaderno de notas, y en un alfabeto que ellos no dominaban.


Después de pasar aduanas y recibir un sello incomprensible en el pasaporte, Mauritania nos recibió con la calma de un desierto plano y vacío. La carretera que va de Nouadibou a Nouackchott es una línea larga y recta, con un asfalto tan bueno como las carreteras en España o Francia; contrasta con el paisaje de su alrededor, el desierto y los numerosos recintos metálicos en medio de la arena. A aquella hora del día, transitaban pocos vehículos, quizás por el calor. Los pocos que veíamos eran un camión español que transportaba naranjas a Senegal y algunos coches con inscripciones “R.I.M” (República Islamítica de Mauritania).


Nuestra primera noche la pasamos al lado de los ríeles de un tren de cientoochentainueve vagones, dicen el más largo del mundo, acampando sobre una arena tan fina que se colaba en nuestras tiendas de campaña. Aquella noche tuvimos la compañía de la luz de una luna menguante. A veces despertábamos al escuchar pasar el tren que tardaba varios minutos en terminarse de contar. En esos momentos jamás imaginamos que la versión magrebí del grupo terrorista habría de secuestrar a mano armada a tres españoles días después. Nosotros también pudimos ser su blanco perfecto.


A lo largo de nuestra ruta nos cruzábamos con caravanas de motociclistas que como nosotros quería llegar a Dakar. Varios nos saludaban al vernos pasar. Los participantes de los Desert Cops y el Amsterdam-Dakar, organizaciones que también estaban recorriendo la ruta, no temían a las noticias.


En nuestro segundo día, un muchacho que hablaba también un buen español (de origen saharauí) me dijo, contrario a las opiniones que yo había escuchado atrás, que aquella zona era la más pacífica del mundo, un paraíso de acuerdo a su experiencia, y que venía dos veces al año a visitar a su hermano casado con una mauritanesa. “Aquí puedes acampar solo y sin problemas; nadie te molesta, los mauritanos son demasiado tímidos”.


Bebimos té de menta en tiendas de tela del tamaño de un circo, también nos sentamos varias veces sin zapatos sobre carpetas de lona a charlar en un lenguaje incomprensible con las señoras de los escasos poblados que se encontraban a lo largo del camino. Mauritania es un lugar que produce muchas impresiones en poco tiempo, un encuentro con el África profunda y con una realidad que nunca antes habíamos visto: en el territorio parecía no pasar nada, no vivir nadie, pero de alguna u otra parte aparecía siempre una persona o un camello.


La tercera noche de nuestro ‘rally’ por Mauritania dormimos a 150 kilómetros al norte de Nouackchott, lugar donde fueron secuestrados los tres españoles. Horas antes de que anochezca un minibús se detuvo en medio de la carretera. Sus veinte a treinta ocupantes se alinearon a un lado del camino y rezaron de rodillas a Alá. Pero el vehículo se quedó allí parado durante horas.


Nosotros estábamos preocupados, comíamos al lado de nuestras tiendas de campaña mientras esto sucedía. De pronto dos muchachos morenos caminaron hacia nuestro campamento. Se les había malogrado el vehículo y querían que nosotros les diéramos en préstamo un par de herramientas. No tuvieron suerte con la reparación. Sus pasajeros tuvieron que buscar otra opción para el traslado.


Aquella noche hicimos una fogata en la arena. Me pregunto ahora si fue allí en esa zona poblada de dunas donde los ciudadanos españoles fueron secuestrados, y ¿cómo?, ¿durante la noche? ¿Quiénes además se atreverían acercarse al grupo de vehículos cuatro por cuatro de la institución española?


Días después un hombre muy amigable que nos llevó en su vehículo de un lado a otro en la capital Nouackchott, nos dijo que lo peor que tiene Mauritania son los árabes. Por supuesto esa era su opinión, no la mía, pero no dudé en preguntarle el por qué. “Porque traen problemas políticos y sociales al país”, me dijo decepcionado intentando encontrarle una solución a su patria, aburrido de la situación que se vive en su territorio, de la pugna que desde 1991 hay entre los grupos árabes y los otros grupos étnicos. “Aquí queremos hacer las cosas bien, pero ya ve usted Al Qaeda ingresa a nuestras fronteras desde Malí y espanta a todos nuestros visitantes”.


Los últimos días en territorio mauritano experimentamos el cambio entre los paisajes desérticos y la sabana. Acacias, algarrobos, baobabs aparecieron en el escenario de pronto. Y una población de tez morena, que antes la vi entremezclada con la árabe, hablaba el wolof su propio idioma.


Mes y medio después -11 de enero del 2010- de leer la noticia del secuestro de los ciudadanos españoles, volví a encontrarme con una noticia estremecedora. Al Qaeda conminaba al gobierno francés liberar a cuatro presuntos terroristas en una cárcel en Malí, sino amenazaban con matar a su rehén francés. El asunto estaba llegando a límites desagradables. También capturaron en diciembre a una pareja de italianos. ¿Si el primero de la lista era el francés, quién sería el siguiente?


Antes de ingresar a las fronteras de Senegal comprobamos que las sensaciones que despierta un país no son las mismas que proyectan las noticias. Sin embargo, los grupos terroristas entran fácilmente a su territorio. El hombre en Nouackchott me lo explicó muy bien: “Ellos se refugian en Mauritania porque allí nadie los busca”. En mi paso por ese país pensé muchas veces en lo fácil que se podría desaparecer en el desierto sin ser buscado, caminando entre las dunas, refugiándose entre la arena.


Cronología:


25 de noviembre 2009 : Capturado un botánico francés en Malí

29 de noviembre 2009 : Capturados tres ciudadanos españoles en la carretera Nouadibu-Nouackchott

18 de diciembre 2009 : Capturado un matrimonio italiano en el sud-este de Mauritania.

11 de enero 2010 : Al Qaeda amenaza con asesinar al rehén francés si Francia y Malí no liberan de la cárcel a cuatro presuntos terroristas.

jueves, febrero 04, 2010

(Mi) estado mental

Escribir, esa palabra.

No puja en estos últimos días. Ni siquiera me sale de alguna forma la palabra.

Echo de menos viajar, de trepar el monte, de diluirme con la naturaleza.

Pienso que viajar es una forma constante de fluir de ideas, un estado de avance hacia delante (que no se puede hacia atrás, claro está).

Ese estado, frente a la hoja en blanco con la mente en blanco y las ideas, ¿a quién le atrae? Me aburro, me canso, agarro un libro, lo dejo, abro otro, me duermo.... y despierto con una frase de El Danubio (de Magris), un libro cabecera que leo a un metro por día ¿poco?, quizás:

"... el símbolo de su ansiosa prisa que debe resolverlo todo inmediatamente, que siempre tiene otra cosa que hacer y en cada instante piensa ya en lo sucesivo, sin poder siquiera detenerse en el amor y en el placer, porque quien no está persuadido no quiere hacer, sino haber hecho ya"

... que quizás es mi estado mental hoy.

lunes, febrero 01, 2010

The Frame: Machu Picchu evacuation


The Frame: Machu Picchu evacuation

Impresionantes fotografías tomadas durante el desastre fluvial en Aguas Calientes, Cusco, pueblo anexado a Machu Picchu. Vale la pena ver este fotoreportaje.


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viernes, enero 29, 2010

En busca del viaje de tus sueños



Así fue el fin de semana del 17 y 18 de enero, en Stuttgart Alemania. Todos los países inimaginables estaban presentes en el hall de la feria con stands que ofrecían desde tours en yate por el Mediterráneo hasta caminos a pie en el Himalaya. Todas las agencias de turismo, todos los países, todos los continentes están allí presentes para ofrecer sus productos a los potenciales viajeros.


Ellos se congregan año a año. Este tipo de eventos, el de Stuttgart por lo menos, está ubicados en un enorme recinto, con nueve salas tan grandes como campos de fútbol. Un evento que dura en algunos casos un fin de semana , otros una semana entera.




En los dos días que estuve allí apoyando al equipo de apoyo logístico del tour París-Dakar tuve la oportunidad de ver la cantidad de información que ofrece cada stand. Lo que más me impresionó no fueron los stands, sino más bien la cantidad de gente interesada en encontrar “el viaje de sus sueños” o unas vacaciones en algún punto del mapa.


El interés que el europeo tiene por las “vacaciones” es impresionante. Las vacaciones y el viaje son algo “sagrado”. Muchos trabajan el año entero para irse por unas semanas en crucero por el Rin o el Danubio. La mayoría quiere algo organizado, pero hay quienes buscan realmente la aventura, salir de las fronteras europeas y conocer el mundo más allá de lo civilizado. ¿Una aventura por el África o Asia o Latinoamérica a pie o en bicicleta? ¿El Camino Inca a Machu Picchu? ¿Escalar el Kilimanjaro?




Europa es probablemente para muchas de estas personas el lugar más atractivo. Una sala entera (del tamaño de un campo de fútbol) estaba destinada a ofrecer caminatas por los Alpes, los bosques de la Selva Negra, una ruta turística en Berlín o Colonia. Con bares típicos alemames. Ofrecían al público cerveza alemana en todos los tamaños, los frankfurters y música en vivo de las diversas regiones de este país Mitteleruopeo. Allí la gente no sólo iba a buscar el viaje de sus sueños, sino también a experimentar por unas horas el estar en esa región o país. Un viaje imaginario por el interior de la feria de Stuttgart.


Otros países también seguían esa forma de atraer al turista. España tenía, además de un stand de unos veinte metros por veinte, lo que ya de por sí es una gran inversión, un bar de tapas y flamenco. Le ofrecía al público no sólo su famosa tortilla española y los pinchos de diversos gustos, también su cerveza San Miguel. La barra estaba llena de alemanes que viven en España, por el tema del clima; otros enamorados de sus viajes por Andalusía o simplemente por sus playas en Málaga y Benidorm.


A lo largo de mis largos paseos por los halls de la feria, tres de los cuales estaban solamente dedicados al tema “campers” que son tan populares en Europa, sobre todo para familias y gente mayor que pasean el continente europeo en sus casas rodantes, encontré la sección dedicada a Latinoamérica.. Agencias de turismo alemanas afrecían todo tipos de viaje a los Andes, el caribe yla Patagonia. Estaban sobre todo destinados a personas mayores o a quienes disfrutan de viajar en grupo y organizado.


El Perú en Stuttgart


El Perú fue el único país latinoamericano con un stand en la feria de Stuttgart. Prom Perú además de adornar el stand con fotografías de Machu Picchu, la Cordillera Blanca y el parque nacional Manu, los más simbólicos y conocidos lugares del país, exponía al lado del stand danzas peruanas al público, desde la marinera hasta el huaylash, y ofrecía de paso un pisco sour a la clientela que se detenía para pedir información. A mí me impresionó el interés de los alemanes en el Perú, además de todo el esfuerzo de Prom Perú en representar de la mejor manera al país.



En uno de los descansos del espectáculo de bailes le pregunté a la bailarina, Luz Hualpa, cómo había llegado hasta Stuttgart. “Yo vivo hace años en Berlín... allí tengo una escuela de danza”, me respondió, enseñando danzas nativas del Perú y Latinoamérica. Ella creó su propia empresa para promocionar de alguna forma su propio país pero también para seguir haciendo lo que más le gusta: bailar.


Metros más allá del stand de Prom Perú encontré un pequeño stand llamado Turismo Perú. Me acerqué a preguntar quiénes eran y qué ofrecían. Una cusqueña muy simpática me empezó a contar que ella tiene su propia agencia en el Perú y que ella desde hace tres años llega a Stuttgart desde el Cusco a ofrecer sus paquetes turísticos. El interés en los tours de Diana, era impresionante. La vi siempre ocupada explicándole a la gente el cómo organiza sus viajes. Su. iniciativa y esfuerzo eran admirables.





El interés que se le presta en Alemania al Perú era impresionante. Las agencias de turismo alemanas tenían dentro de sus imágenes a Machu Picchu, como emblema latinoamericano.


Después de caminar durante horas (las horas pasan volando) por la feria encontré un stand que se parecía el Amazonas. Había una bandera pequeña del Perú allí en medio. Me pregunté: ¿Y qué ofrecen ellos? Ellas eran dos alemanas que tenían un proyecto de desarrollo en la selva amazónica, en uno de los afluentes del río Amazonas. Allí decían tenían una posta médica con el objetivo de ayudar con medicinas a los pobladores del lugar. Ellas se hacían llamar “grupo de amigos del Perú”. En el stand había una enorme pantalla con imágenes de la televisión peruana “Perú Criollo”. Allí terminé bebiendo masato.


Los viajes de aventura


En la feria había una sala dedicada al turismo de aventura, en bicicleta y caminata. Viajes a Nepal, Tanzania, los Alpes estaban allí presentes con equipo de apoyo logístico para la gent einteresada en escalar el Kilimanjaro o el Everest. Muchos aficionados a estos deportes llegaron en esos días a visitar los stands.


Como parte de la aventura algunos ofrecían un paseo en bicicleta por la sala, en bicicletas echadas o como steps de esos que se ven en los gimnasios. También había un muro artificial para escalar, los niños eran los más entusiastas, y espectáculos con BMX.


En esa sala no sólo se ofrecían tours en bicicleta o a pie sino también se vendían bicicletas y artículos para la caminata, incluso canoas.


También habían tours en bicicleta a los largo de Nepal y por supuesto el París Dakar que este año se va a sudamérica, en bicicleta.


Estas ferias muestran verdaderamente lo que es la industria turística. Una industria intangible que atrae a miles de personas. La gente aquí además de trabajar duro el año entero busca la mejor manera de relajarse y alejarse un tiempo de la rutina. El mundo es pequeño en este tipo de ferias, y además un lugar atractivo para la diversión. Muchos de los potenciales viajeros eligen un viaje o a pie o en bicicleta, como también unas semanas en una casa rodante por Europa o los viajes organizados y en grupo al Corcovado. El viaje en diferentes perspectivas y formas, para todos los gustos, desde Stuttgart para el mundo.


lunes, enero 25, 2010

El viaje como fantasía

Hace mucho frío hoy. Miro a través de mi ventana y veo la panza de burro del cielo. Congelarme es parte de mi mañana. Tengo dispuestas las horas para dedicarme a escribir y estar presente frente a este escritorio.

Hace poco comentaba con un amigo el tema del viaje. ¿Qué es viajar?, comentábamos en el auto mientras regresábamos por una carretera belga hacia Holanda.

El viaje es en un principio una fantasía. Antes de trasladarnos hacia algún lugar, se fantasea, se imagina, se crean un romanticismo con el sitio que vamos a visitar. Por ejemplo, Machu Picchu, Angkor Wat, La Alhambra son lugares que a partir de una fotografía nos desvían por los senderos desconocidos de la imaginación. Alain de Botton le llama "la anticipación del viaje". Nosotros no sabemos cómo es el lugar antes de llegar a él, simplemente romantizamos.

Después cuando uno visita el lugar que tanto fantaseó en su anticipación al viaje, se topa con la realidad. En ese momento uno sabe cómo se ve Machu Picchu, Angkor Wat o La Alhambra. Uno lo ve con sus propios ojos. Depende de la experiencia del viajero en ese momento. Si la experiencia es buena "idealizamos" el lugar y después queremos volver al sitio con amigos o seres queridos para mostrarles lo que hemos visto. No es sólo fantasía, también la idealización de la experiencia, un sentimiento que nos empuja a viajar en algunos casos por segunda vez al mismo lugar, otras a seguir soñando.

La experiencia del viaje es por tanto un producto de la imaginación y después de la idealización. Aunque la idealización pueda también ser primera.

miércoles, enero 20, 2010

La vida gobernada por una tortilla mexicana


A veces, cuando a uno le toca trabajar para ganar dinero y encima en un lugar donde la gente grita y muere por una tortilla mexicana, tenemos que hacerlo. de vida o muerte. Aguantar a los veteranos tortilleros, o mejor dicho tortilleras, y a los principiantes que se quieren hacer veteranos, rápidos.

Llegué allí un martes por la noche. Aquella mañana cogí el teléfono y escuché al otro lado del auricular: "¿Quieres trabajar de tortillera mexicana en una fábrica de tortillas ?" POr qué no. Y aparecí allí con mis cinco sentidos puestos en la literatura de viajes (figúrense, en una fábrica), dispuesta a recoger historias de aventura en una fábrica de tortillas mexicanas.

En qué consisitía.

Pues en ayudar a que la calidad de la producción de tortillas mexicanas en el mundo y perdonen que repita tanto la palabra "tortilla", sea la más exquisita y productiva del planeta y facilite el consumismo mundial y material de tortillas mexicanas, es decir, y lo traduzco, de los famosos wraps macdonalds que solemos encontrar en todas las ciudades y pueblos de europa y también en todo el planeta. De aquellos omalettes de maíz que reemplazan al pan y se enrollan con todos los tipos de carnes y verduras (a mí me encanta con aguacate) que uno pueda imaginar.

La tortilla no es popular, pero aquí la producen por millares.

Mi tarea consistía en ayudar a que la producción de wraps mejore en el mundo. A andar al ritmo de las máquinas que allí operan y mejorar la producción, rápida y eficaz, de la tortilla mexicana . Seleccionar las mejores tortillas, introducirlas en un folio y luego ordenarlas en cajas para que sean transportadas a su destino. Todo un sistema.

Cuando llegué allí me pregunté: ¿Acaso se consumen tantas tortillas en Europa? Al principio pensé que se trataba sólo de Holanda o Alemania, pues vivo en la frontera entre ambos países. Pero después alguien me dijo que es para todo Europa, desde México para el mundo.

Allí entré a trabajar yo muy optimista. A esa fábrica enorme con cinco máquinas del tamaño de los dinosarios de cuello largo, de tortillas o wraps para todas las cadenas de hoteles, restaurantes, tiendas, supermercados de europa. La idea era apoyarlos durante las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Reemplazar a quienes se habían ido de vacaciones en esas fechas.

Ellos producen diez mil por día. En tres turnos. Mañana, tarde y noche. El turno de la noche empieza a las 22 horas y termina a las 6am, hora en que todo el mundo se está levantando de la cama. A esa hora me tocó a mí ingresar a trabajar en mi primer día. La banderita mexicana flameando en lo alto, yo llegando en mi bicicleta.

La cantidad de historias que transitan por esos pasillos. Señoras de todas las edades con cara de aquí mato al que no sabe empacar una tortilla, arrugadas y descuidadas; gritándote desde el primer día porque no la agarras bien, porque no dominas el arte de envolver una tortilla. ¿Acaso no sabes agarrar (así con esa plabra, lo juro) una tortilla? ¿Acaso no puedes llenar una caja de cartón con tortillas? ¿Que si la tortilla está mal puesta o la caja en mala posición o la gente en pesima disposición.......

Pero era un grupo de chicas turcas las que más me impresionaban. No trabajaban ellas allí ni una sola semana y ya me estaban gritando porque yo lo hacía mal. Impresionante. Ellas se apoderaban de una máquina y eran las reinas tortilleras que me preguntaban cada vez que podían: "¿Y quieres quedarte aquí a trabajar?" Y yo con toda la inspiración del mundo les respondía con un enorme NOOOO... asustándolas, quizás, porque para ellas era la máxima aspiración del mundo trabajar allí y competían conmigo de una forma desenfrenada a empacar de la forma más rápida y posible una tortilla.

El primer día bien calladita yo cargando cajas de diez kilos cada una, amontonándolas sobre una tabla de madera que luego iba a ser transportada a alguna parte de europa en camión.

El segundo día lo mismo y al tercero igual, y así la suma de los días en ese lugar tortillero.

Después de cinco semanas trabajando a lomo de burro con las manos un poco cuarteadas por el frío escuché al jefe de la fábrica decirme que ya no necesitaban mis servicios. Yo por un lado quería ganar más dinero, pero por el otro estuve feliz de que "me despidieran".

Es que esa era mi máxima aspiración, señores, el despido. Y mi último día de trabajo miré a las chicas turcas con desgano y les dije "me voy" y ellas hablando entre ellas en su propio idioma seguro sobre mi despido.

Ahora estoy aquí trabajando para la Universidad de Maastricht como docente. Soy profesora de español en su escuela de idiomas.

Ahora pienso yo después de todo ese trajín en la empresa mexicana, que vale la pena luchar por lo que uno quiere de esa manera. Pero debo confesar que nunca entendí por qué la gente se irritaba si yo dejaba caer una tortilla o si no sabía hacer bien las cosas.

Me parece tan absurdo que la vida de esa gente esté gobernada por una tortilla mexicana. Hay gente así en el mundo, trabajando para un sistema que funciona de esa manera. Y es una realidad.

martes, enero 19, 2010

El Danubio


"...viajaríamos libres, despreocupados de la vida, liberados de cualquier obligación y de cualquier función, en aquel misterioso territorio anárquico y feliz en el que sólo se posa el pie cuando se ha abandonado el escenario, sea el que fuere" (Magris, El Danubio, 54)

martes, enero 12, 2010

Milk of sorrow


Como una de las tantas cosas que representan al Perú, y en el esfuerzo por publicitar su imagen en el extranjero, la película peruana La teta asustada ha llegado como finalista al Óscar. No estoy segura si ya puede participar en la gala de marzo o finales de febrero, pero por lo menos está de favorito entre los finalistas. Como dice la Revista Viajeros de Perú, los premios Óscar dan el premio no a la película sino al país. Sería una gran motivación para los peruanos ver esta película ganar un premio de película.

El título de la película fue traducida al inglés como "Milk of Sorrow".

lunes, enero 11, 2010

Historia de Marcos Luk'aña, un andino en los Países Bajos


Muchas veces tengo la cabeza llenas de historias que contar pero por falta de tiempo no las cuento. Esta última semana anduve demasiado ocupada con un trabajo aliterario que tengo, proyectos doctorales en mente y además visitas a familiares y amigos. Y el temporal de nieve que me pone en pausa.

Pero las historias llegan a nuestras manos. Y la que comparto hoy es una de esas historias que me encontré hace algunos años en Leiden. La historia de un muchacho peruano adoptado por holandeses, Marcos Lukaña Champi (su nombre peruano). Me lo encontré en el programa de Estudios Latinoamericanos, allí donde hice una maestría en literatura hispanoamericana, estudiando el español y el quechua. Marcos todavía no había ido al Perú, o creo que sí fue al Perú pero por corto tiempo, y estaba en busca de su familia de sangre, su 'verdadera' familia.

El tiempo pasó. Siempre me lo encontraba en la universidad, creo que él no me creía tan peruana por mi cara de holandesa, pero siempre que pudimos, que fueron pocas, tomamos un café y conversamos en el camino entre la facultad de letras y la biblioteca, hasta que un día me dijo que ya no estudiaba en Leiden, que no había aprobado el español pero sí el quechua, y tenía que irse de la universidad.

Marcos estudia ahora en la Universidad Libre de Amsterdam. Habla quechua, encontró a su familia peruana verdadera, vivió creo que medio año en el Perú, en Lima y el Cusco y está buscando su propio origen. Aquí les dejo una pequeña reseña de su vida escrita por él mismo en el español que hoy habla, que es muy bueno.


Marcos Lukaña Champi dice:
Estudié en Leiden unos años, mi amiga Susana me dijo que habría un promovendus de Aimara en la VU (Universidad Libre de Amsterdam). La VU tiene buenos contactos con la Universidad La Católica en Lima, donde quisiera estudiar como estudiante de intercambio. Aunque mi madre no enseñó a ninguna de sus hijos el Quechua, estoy interesado demasiado en mi cultura y idioma original.

Mi familia en los Andes Cuzqueño hablan el Quechua. Siempre quería saber qué significa mi apellido Luk'aña. Don Rodolfo Cerrón-Palomino me dijo que pensaba que sería también de origen Pukina, porque no tiene significa en Quechua, ni en Aymara. Sería de origen Aru, de repente con influyencia Pukina. La comunidad de mi familia está en Marcapata, Cuzco, cerca la selva. Mi primo quien estudió antropología en Cuzco me dijo que en el pasado Marcapata era parte de Tiwanaku. Mi madre y yo parecemos a mi abuela. Ella era de Ciro, un pueblito altazo en los Andes en la puna, cerca Pumanuta. Allá hay nombres Aymaras como Uta, que es casa. Pumanuta: la casa del Puma.

Un idioma es un fenonemo social, se puede cambiar rapidamente de idioma. Cultura, etnia y idioma no corresponden: http://arts.brunel.ac.uk/gate/entertext/2_2_pdfs/itier.pdf

Torero piensa que el Aimara era el idioma de la cultura de Nazca. Esta cultura influyó bastante el departamento de Ayacucho, de la nacieron las lenguas Hawa Simi, que eran lenguas aimaras. Era una lingua franca para los pueblos en Ayacucho.

Muchisimas palabras de Quechua y Aimara son de origen castellano. Tata es papá en también el castellano hablado en el tiempo de la conquista, se usa también esta palabra para padre en Mexico. Yaya significa 'abuela' en este lenguaje español. Khuchi que es también Quechua Cuzqueño es de "cochina", un puerco feminino. Michi y Pishi son interjecciones españoles para tomar la antención de un gato (kitty kitty en inglés). En el Quechua Misi y Michi significan gato mascota, un animalito nuevo en los Andes.

Me da risa tu blog, cuando encontré a mi ex-pareja, mi ex-pareja tenía montón de libros de Erich von Däniken y me dijo: --Marcos, sabías que ustedes descedientes de los incas tienen la sangre extra-terrestricial!!-- :) jaja. Una pegunta, qué significa Chamakat Sartasiry? Es el titulo de una canción rap en Aymara, el chico con el ch'ullu canta en Aimara: http://www.youtube.com/watch?v=YRwYjq7Kz-g

Mucha suerte con su disertación! Espero que puedas contribuir nuevo conocimiento a la disciplina de estudios andinos.

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Borro fronteras - Viajo para conocer mi geografía