domingo, enero 03, 2010

Viaje al interior


La relación que uno tiene con los libros es alucinante. Un texto lleva a otro texto, al modo de Borges, quien cita libros en sus libros. Una referencia que en otras palabras conduce activamente al lector de una lectura a otra, o de una biblioteca a otra. Siempre tengo la misma sensación cuando leo a Enrique Vila-Matas. Este autor catalán cita siempre un libro sobre otro libro, como si se tratase de un ejercicio diario sobre la mesa.

Acabo de terminar de leer un artículo suyo en el Babelia, suplemento cultural del diario El País, del último sábado. Su artículo llamado "El viaje alrededor" cuenta la historia de Xavier de Maistre, un conde que escribió un libro llamado El viaje interior a raíz de un encierro de 42 días en una habitación en la ciudad de Turín.

Xavier de Maistre fue confinado después de un duelo, a 42 días de encierro en Turín y en esos 42 días escribió un libro. El libro es una exploración al inconsciente. Describe el viaje de la mente en el interior de una habitación. Desde el vuelo de una mosca, hasta dónde lleven infinitamente las ideas "al modo del cazador que persigue la pieza sin seguir un determinado camino". Vila-Matas le llama un innovador; un recorrido por la inmovilidad.

A propósito del tema, hace algunos años leí un libro llamado The Art of Travel, de Alain de Botton, libro que recomiendo a todos aquellos involucrados en las historias y en los viajes. Aunque no sea mencionado por Vila-Matas, pues en este libro aparece un capítulo dedicado a Maistre, The Art of Travel habla sobre los diferentes motivos del traslado, sean estos por curiosidad, por exotismo, por descubrimiento. También menciona el viaje sin movimiento, es decir, el viaje que realiza Maistre en su habitación, una perspectiva completamente distinta, que rompe esquemas, sobre el arte de viajar. He aquí la base de la filosofía de Xavier de Maistre.

"Por eso cuando viajo por mi cuarto difícilmente sigo una línea recta"

Y la completo con una frase de Lao Tse:

"Sin salir de la puerta se conoce el mundo /
Sin mirar por la ventana se ven los caminos del cielo /
Cuanto más lejos se sale, menos se aprende"

(Viaje alrededor de mi habitación. Xavier de Maitre. Funambulista. Madrid, 2007)

viernes, enero 01, 2010

El Dakar en bicicleta

Esta es la historia del famoso París Dakar, no a motor sino en bicicleta

1. La cosa era muy simple. Para llegar a Dakar había que pedalear siete mil doscientos kilómetros en bicicleta en diez semanas. Trepar numerosas montañas entre Francia y España. Cruzar La Mancha y los pueblos de Andalucía. Coger un bote en el Estrecho de Gibraltar. Atravesar el desierto del Sahara. Todo esto en setenta días con sus setenta noches, durmiendo en una carpa, comiendo nuestra propia comida, pedaleando en dirección al sur, viendo cómo los paisajes y las realidades cambian entre Europa y África. Dos continentes separados por una pequeña porción de mar que a la vez son tan distantes en el tiempo.

El París Dakar en bicicleta es dos veces más largo que el Tour de France. Es una competencia, pero también un reto para ciclistas no profesionales. En esta tercera edición del ‘rally’ participamos ciclistas de varias partes del mundo: Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia, Suiza, Australia, Nueva Zelanda, República Checa. Y como único país sudamericano, el Perú. Todos con el mismo propósito: llegar a Dakar, la capital de Senegal.

El viaje empezó en París bajo la Torre Eiffel un domingo seis de setiembre. Pedaleamos cien kilómetros por día en los paisajes franceses, por pueblos pequeños de nombre medieval. Después de descansar dos días en Le Puy y Carcassone, entramos a Andorra, un país diminuto en el mapa europeo, entre Francia y España. Hasta entonces, en nuestras dos primeras semanas de pedaleo, tuvimos mucha suerte con el tiempo, pero cuando empezamos a trepar los Pirineos hacia uno de sus puntos más altos, el Port D’Envalira a 2,408 m.s.n.m., las inclemencias del clima nos tomaron por sorpresa. Sol, lluvia, nieve, cuatro estaciones en un solo día en la punta de la montaña. El descenso fue el momento más difícil, terminamos congelados de las manos a los pies. Aquella noche hizo cero grados y la lluvia no cesó hasta el amanecer.

Los días en España, por las regiones de Cataluña, Aragón y La Mancha fueron los más bellos del tour. Los paisajes españoles tienen una variedad única. Atravesamos Parques Ncionales, bosques de pinos y también de piedras, cruzamos las pampas y pasamos por pueblitos con nombres de apellidos, Albarracín, Alarcón. Pueblos que en la antiguedad fueron castillos montados sobre la montaña.

Las etapas europeas de El Dakar en bicicleta terminaron en Algeciras, junto al Estrecho de Gibraltar. Antes de subirnos al ferry que nos conduciría al África, celebramos nuestra hazaña. Éramos concientes de que el Dakar en bicicleta era mucho más largo que el famoso Dakar a motores. Nosotros sí habíamos recorrido todos los kilómetros desde París, cosa que el rally automovilístico no hace. Aproximadamente unos tres mil kilómetros desde París hasta Gibraltar. El África nos esperaba con todo su misterio. Países como Marruecos, el Sahara Occidental, Mauritania y Senegal todavía estaban por ser descubiertos. Cuatro mil kilómetros más sobre la arena. Para muchos de nosotros sería la primera vez en el continente africano.

2. Marruecos, un país árabe que contrario a cómo yo lo imaginaba tiene montañas de más de cuatro mil metros de altura. Sus paisajes son secos y variados. Sus costas están adornadas con palmeras, y la ruta al interior del país, en asfalto, lleva hacia campos sembrados de tunales, eucaliptos, pinos y acacias. Nosotros nos dirigimos a Fés y Marrakech por una carretera que cruza El Atlas, una cadena de montañas que divide al país en norte y sur, y que nos conduce al Sahara.

¿Qué puedo decir de Marruecos?

Al principio fue un choque cultural. Sus costumbres son diferentes a las nuestras. Las cafeterías en las ciudades estaban pobladas de hombres –ninguna mujer- tomando el té de la tarde, sentados en las terrazas mirando a la gente pasar, como si se tratara de un evento social. Las mujeres, pocas, paseaban por otro lado con sus niños, vestidas de la cabeza a los pies con sus burkas, apenas dejando percibir sus rostros. Y las mezquitas, siempre imponentes en las ciudades, comoen nuestros paíseslas iglesias, transmitían sus rezos hacia la meca cinco veces al día, por un parlante de radio que se escuchaba en todas las comunidades como alarma de bomberos.

Marruecos un país que nos sorprendió por el cariño de su gente y que nos sirvió para fortalecernos como ciclistas. Las rutas trepaban por El Atlas y de vez en cuando se acercaban a ciertas partes del desierto, preparándonos para lo más difícil, El Sahara. Una región que tardaríamos varias semanas en recorrer y que serviría de antesala para El Sahara Occidental y un país más lejano en el continente africano, la República Islamítica de Mauritania.

3. Cruzar el Sahara en bicicleta es uno de los retos más duros del París Dakar. Las imágenes de los primeros rallíes automovilísticos lo muestran muy bien, coches en la arena intentando vencer el desierto. Para nosotros, los ciclistas, cruzar El Sahara fue mucho más que vencer el desierto. Las dificultades aparecieron cuando nos dimos cuenta que la carretera era una línea recta hacia el horizonte y no quedaba más que pedalear mirando el mismo paisaje bajo un sol que algunas veces alcanzó los cincuenta grados de calor.

Nuestro primer encuentro con el Sahara fue en aquella región conocida como El Sahara Occidental. No es un país, es una región que alguna vez se llamó La Sahara Española. En esta parte de la ruta pedaleamos cientocuarenta kilómetros por día a lo largo de un acantilado al lado del Océano Atlántico, que me hacía recordar a las costas del sur del Perú. Nuestro objetivo –que logramos conquistar- fue llegar en siete días a Dakhla, una península al sur de la región, y en diez días ingresar a las tierras de Mauritania, donde nos esperaban varias noches de campamento.

Días antes de llegar a la frontera con Mautirania nos topamos con carteles que decían “!Territorio minado!”. Y con esqueletos de automóviles que en primera instancia habían explotado por las minas, y en segunda habían sido desmantelados por los pobladores del lugar para construir sus casas. Ingresar a Mauritania fue entrar a un territorio que parecía estar en estado de guerra, pues el gobierno no vela por la seguridad de su país y permite a grupos subersivos –entre ellos Al Qaeda- ingresar a sus fronteras.

Para muchos de los ciclistas, Mauritania fue uno de los lugares más impactantes en la ruta. En los cinco días que dormimos en su territorio vimos el tren más largo del mundo, de tres kilómetros de largo con sus 189 vagones pasar al lado de nuestro campamento. Dormimos en medio de una tormenta de arena sobre unas dunas de cinco metros altura. Observamos las más espectaculares salidas del sol (y además puestas de sol, incluyendo la luna), y pedaleamos con camellos a lo largo del camino. Esta empezaba a ser el África que nos imaginábamos, un África mezcla de colores y de culturas, entre lo arcaico y lo moderno, en donde se escuchaba música árabe y negra, la antesala de lo que nos esperaba: Senegal.

Los últimos días en Mauritania fueron un cambio drástico en la temperatura y el paisaje. Bosques de algarrobos y acacias, pueblitos a lo largo del camino, incluido un parque nacional. Nuestra última noche , antes de cruzar la frontera a Senegal, dormimos en medio de unos pantanos, entre aves y mosquitos. Al día siguiente mientras pedaleábamos sobre una trocha a lo largo de un dique, un grupo de jabalíes salvajes apareció delante de nosotros en busca de un refugio, y al pasar al lado de una laguna, un grupo de aproximadamente doscientos flamingos rosados alzaron vuelo.

4. La frontera de Mauritania y Senegal está dividida por un río llamado como el país, Senegal. Después de varias horas en la frontera esperando a que las autoridades de ambos países transcribieran nuestros nombres en un cuaderno, pues tienen dificultad para hacerlo porque su alfabeto no es el mismo que el nuestro, llegamos a la ciudad de Saint Louis.

Esta ciudad que antiguamente fue el centro colonial francés en la región parece detenida en el tiempo. Un puente de hierro diseñado por Eiffel conduce a una isla que es el centro de la ciudad. Numerosos edificios antiguos ahora son parte del gobierno, en medio de calles descuidadas pobladas de gente, automóviles y vacas y cabras, que se pasean en la ciudad como en el campo, pesadores en sus carretillas transportando pescado, y un mercado metros más allá Una mezcla de realidades y de gente, como si retrocediéramos en el tiempo.

En Senegal empieza el África negra, es un país que sufrió los tiempos de la esclavitud, Muchos de sus ascendientes migraron a América del norte y del sur, incluido el Perú, a realizar trabajos forzados. Aqui se escucha la musica negra por todas partes.

Lo que más me sorprende al pedalear por las carreteras de Senegal es la cantidad de niños que hay en los pueblos. Todos ellos aparecen de todas partes corriendo y gritando al vernos pasar: “Un cadeaux, un cadeaux”, en francés, nos piden, con la ilusión de un regalo para ellos. Un niño corre detrás de mí con la foto de Obama, el presidente de Estados Unidos, en un t-shirt, como si fuera el héroe de los senegaleses.

Los pocos días que nos quedan en Senegal tenemos un doble sentimiento. Por un lado queremos llegar a Dakar, porque estamos cansados, claro está, y por el otro sabemos que la aventura va a terminar y que el grupo se separará de un momento a otro. Setenta días con sus setenta noches es suficiente para convertirse en casi una familia, con miles de historias acumuladas durantes siete mil doscientos kilómetros.

Un sábado catorce de noviembre llegamos a Dakar entre risas y llanto. De los treinta ciclistas sobrevivieron veinticuatro, y todos en buen estado físico y de salud. Hubo un lugar en el podio para los más rápidos del tour, dos suizos, Eric y David, y un belga, Dirk, que defendieron su puesto hasta el final. Pero los grandes ganadores fuimos todos nosotros, el grupo, que conseguimos conquitar las carreteras europeas y africanas en diez semanas, y que a pesar de la dificultad allí estuvimos pedaleando día a día sobre el asfalto hacia la punta más occidental del África, la mítica ciudad Dakar.

Este viaje fue organizado por la empresa Bike Dreams. Para más información o interés consulte la página web www.bike-dreams.com

Artículo publicado en la revista Somos, del Diario El Comercio, Perú.

Artículo publicado en la columna virtual de Susana Montesinos en la revista Viajeros, Perú: http://diarioenbicicleta.wordpress.com/

Más fotos en París Dakar en bicicleta

jueves, diciembre 31, 2009

La noche de año nuevo que robé mi propia casa

El 31 de diciembre siempre me recuerda a todos los 31 de diciembre que he celebrado, que por supuesto, han sido todos. Sin embargo, hay un 31 de diciembre que nunca podré olvidar, hace mucho más de diez años, mi padre aún vivía, en mi ciudad Arequipa cuando yo todavía era una estudiante en Piura, una ciudad al norte del Perú.

Yo no sabía qué hacer esa noche, como todas mis noches de Año Nuevo, nunca sé qué hacer, todo programado a última hora, invité a dos amigos míos a casa a tomarnos unos tragos y luego salir a la ciudad, mi padre se había ido a una fiesta.

Para qué.

Salimos al centro de la ciudad y nos pareció el lugar más detestable del mundo, quizás porque éramos chiquillos, quizás porque en las calles principales habían demasiados borrachos, quizás porque nos pareció un absurdo estar en el centro de la ciudad sin saber qué hacer.

Decidimos volver a casa.

Cuando llegamos a casa descubrimos que la llave de la puerta del aparcadero del coche (nosotros le llamamos "garage") no coincidía con la cerradura. Intenté más de una vez abrir el portón creyendo que la llave era la correcta. No fue el caso. La llave de la puerta principal no la tenía, sólo la del garage que no coincidía. La única salvación era mi papá. Él estaba bailando en un club céntrico de la ciudad. Mejor era ir a buscarlo.

Volvimos al centro de la ciudad, la segunda vez en esa noche de año nuevo. Allí estaban los mismos borrachos, nosotros chiquillos, la gente gritando, algunos besándose en las calles.

El club céntrico de la ciudad es un lugar dizque refinado, de gusto antiguo, como los clubes ingleses de antaño. Se llama el Club de Arequipa, donde las fiestas de año nuevo son en esmóquin y vestidos de gala, o por lo menos así lo fueron en el pasado. A mi padre le encantaba ese lugar, siempre que podía iba para las fiestas de año nuevo, y ese 1996 estuvo allí.

En la puerta del club habían dos guardias que nos miraron toscos al vernos llegar. Necesitamos, dijimos, hablar con el señor Montesinos, con urgencia. Nosotros no estábamos vestidos en esmóquin ni tampoco con tacones, simplemente con jeanes y algún chompón viejo, que yo tenía resguardado en alguno de mis cajones de la cómoda de mi habitación. Mi padre salió a la calle en su esmóquin con cara de haberse bebido unas copas. Nosotros necesitábamos la llave. Él tenía la llave de la puerta principal, no la del garage. Nosotros la llevamos con nosotros para poder entrar a casa.

Punto.

Aquí empezamos a volvernos un poco locos porque la puerta principal de la casa estaba cerrada con pistillo por dentro, por ende nosotros no podíamos ni abrir la puerta principal ni la del garage.
Ni con la llave de mi papá ni con mi llave.

Lo peor era que ni siquiera mi padre podía entrar a la casa.
Nadie podía entrar a la casa. Nadie tenía la llave, excepto la señora Elena que vivía en el Cono Norte, osea, donde el diablo perdió el poncho, donde nosotros no íbamos a llegar porque eran pasadas la medianoche y además estábamos bebidos con copas.

Aquella noche después de intentar miles de trucos para entrar planificamos lo que cualquier ladrón hubiese podido hacer una noche de año nuevo: trepar la pared de la casa y romper la ventana para poder ingresar. Lo curioso es que yo no quería que mi papá se enterase del asunto. Pero ¿cómo iba yo a evitar que se entere del asunto con una ventana rota en nuestro segundo piso/planta?

Carlitos, mi buen amigo, trepó gracias a la ayuda de Joseluis el muro que nunca antes un ladrón pudo trepar. Caminó sobre el techo de la puerta principal (un pequeño techo) y la verdad es que no recuerdo cómo rompió la ventana. Yo sólo escuché el sonido del vidrio caer a pedazos. después de unos minutos Carlos nos abrió la puerta del garage y por fin pudimos entrar.

Al día siguiente mi padre me preguntó qué pasó con la ventana. No me quedó otra que decirle que tuve que simular el robo de mi propia casa para poder entrar a ella en Año Nuevo.


lunes, diciembre 28, 2009

Diario bilbaíno (2)


16 de julio

No escribo hace algunos días. Tampoco hay mucho que contar (creo). Acabo de llegar a Bilbao desde Pamplona. El viernes decidí escaparme a Iruñea. Era el último día de sanfermines y quise pasar, aunque sea, un par de días en esa fiesta. Mi trabajo en El Correo Español me lo impidió. Pero partí a Pamplona en la tarde y me quedé en la casa de Cabanillas.


(Carlos Cabanillas es un amigo que conocí en Navarra. Salimos juntos. Al principio lo odié porque me pareció un limeño antipático. Pero a medida que lo traté nos hicimos grandes amigos.)


Pero aquella noche fue extraña, me harté de Cabanillas. A veces pienso que soy “de lo peor” porque lo abandoné en medio de la calle. No recuerdo exactamente qué sucedió. Sólo que quise beber una cerveza y corrí como una estúpida hacia la plaza del Castillo. Me senté en una banca y lo vi cruzar la plaza con ojos de susto. Seguro se preguntaba de mi paradero: ¿dónde me había metido? Después de perderle la vista decidí recorrer los bares sola. Me metí a uno que siempre me gustó. Pedí una cerveza y el muchacho que estaba a mi costado me preguntó que de dónde era. Le dije que del Perú. Nos quedamos callados. No supe de qué hablarle. Ese es un defecto que tengo, sobre todo con gente que recién conozco: ¡Si ellos no me hablan yo me quedo callada!


-Tienes la mirada triste –me dijo de pronto.

-...

-Parece que te hubiera sucedido algo.


No tuve tiempo de explicar mi situación. Empezaron a gritar: ¡Viva ETA!, en el bar. Salí a empujones con la chela en la mano. La gente me miró raro. “Niña, venga para acá”. En la calle había borrachos en el piso. A uno lo mataron a patadas. Vi que le salía sangre de la nariz. Algunos fumaban porros. La ciudad olía a vómito. Ocho días de juerga interminable mandaron a Pamplona a la verdadera mierda.


Después de dar vueltas por algunas calles, decidí acercarme a los bares de la avenida Txantrea, al lado del coso. Me compré otra chela en el camino. Mucha gente bailaba en las afueras del bar. Me paré delante de un grupo de gente que parecía peruana. ¿Serán peruanos?, pensé. Me acerqué. Me puse a bailar junto a ellos hasta que uno me guiñó el ojo. Empezó a hablarme en inglés.


-What’s your name?

-Susana -le dije.

-Where are you from?

-Del Perú.


No me lo creyó. ¿Peruana? No pareces. Llamó a sus amigos y nos pusimos a bailar todos juntos. Hicimos una ronda.


-Nosotros somos de Pucallpa –me dijeron-, somos albañiles.


Qué alegría encontrarse con alguien de casa. No lo pude creer. Mi olfato no me falla. A los pocos minutos lo vi a Cabanillas hablando con un tipo. Estaba borrachísimo. Me acerqué. Le dije que estaba allá, con los peruanos. Los señalé. Me siguió como un autómata. Se puso muy mal. Se culpó de todo. Me pidió perdón. No le dije nada. Desde un principio supe que la que se equivocó fui yo.


domingo, diciembre 27, 2009

El volcán sin nombre

¿Sabían ustedes que el famoso volcán Misti, aquel que resguarda la ciudad de Arequipa, no tenía un nombre propio en el pasado?

En 1540, a la llegada de los españoles, el Misti, el famoso volcán, era llamado el "volcán sin nombre", así figura en los archivos de la ciudad y además en algunas crónicas de indias. Murúa le llama "un volcán" (524) cuando refiere a la explosión de El Misti a finales del siglo catorce, historia que él recogió del tiempo de los Incas. No le da un nombre propio.

"El volcán sin nombre" al parecer tuvo alguna vez un nombre propio que hoy se desconoce. Cuenta la historia que un grupo étnico de la ciudad, los yarabayas, ubicados en lo que es el centro de la ciudad, tuvieron que huir de sus tierras por la explosión del volcán. Cuando retornaron, en castigo le quitaron su nombre propio, como si se tratase de una reprimenda. Algunos dicen que se llamó Machu Putina en contraposición a otro volcán en la región de Moquegua conocido como el Huayna Putina.

Se desconoce el momento en que el Misti obtuvo el nombre Misti. Misti significa "criollo u hombre de raza blanca". Quizás adoptó este nombre porque la ciudad de Arequipa fue una ciudad colonial llamada "la ciudad blanca" por su sillar blanco, pero también porque allí habitaron "los hombres blancos"; valle que se hispanizó rápidamente durante la colonia.

miércoles, diciembre 23, 2009

Mauritania secuestrada

Acabo de escuchar la triste noticia de dos italianos secuestrados en Mauritania.

Es la segunda vez que escucho acerca de un suceso de este tipo en ese país del occidente africano, después de mi viaje a Dakar.

El primer incidente se produjo el 29 de noviembre cuando tres cooperantes españoles fueron secuestrados a 170 kilómetros de la capital del país, Nouackchott, en un pedazo del desierto del Sahara, en el que yo dormí en una carpa con otros veinte ciclistas a principios de noviembre sin ningún peligro o miedo.

El segundo suceso ocurrió el 18 de diciembre, al sur de la capital mauritana, donde el desierto se empieza a convertir en sabana tropical. Un italiano y su novia de Burkina Faso fueron capturados en su auto. Allí también dormí en una carpa al lado de los algarrobos y las acacias una noche de luna llena, sorprendida por los parecidos que pueden tener dos regiones en dos continentes distintos (África y América del Sur).

Y la confirmación llegó: Al Qaeda fue quienes los secuestró. El grupo terrorista, la versión africana de, capturó a este grupo de gente extranjera que ahora está en sus manos. ¿Al Qaeda en Mauritania? Sí, en Mauritania y en Mali y en Argelia.

Cuando llegamos a Mauritania en nuestras bicicletas sabíamos que había peligro de secuestro, pero no creímos que fuera a ser tan grave el asunto. Nuestra ingenuidad nos hizo pensar que seguro secuestraban a gente metida en la política o en algún tipo de trabajo social. Sin embargo, los sucesos hablan por sí solos.

Hace algunos días, una amiga que leyó esas noticias sobre Mauritania me escribió: "Tu ángel de la guarda debe estar pidiendo vacaciones con urgenica". Si los ángeles de la guarda existen, qué bien supo cuidarme en mi recorrido por África. No sólo de los terroristas, sino también de los mosquitos.

lunes, diciembre 21, 2009

Historia de un libro que se descubrió cuatrocientos años después


Muchas veces las historias de los libros son mucho más interesantes que las historias de sus autores. Este es el caso del libro "Historia general del Perú", de Fray Martín de Murúa. Un libro que vivió unas aventuras tan alucinantes como las de su creador.

"Historia general del Perú", un libro del año 1590, es decir, un libro del siglo XVI, cuenta la historia andina desde los ojos de un fraile mercedario del tiempo de la colonia. Fray Martín, como se le conocía, había recorrido todas las indias para escribir una historia tan alucinante como la de Cieza de León, quería, con el objetivo de guardar toda aquella historia no escrita por los antepasados incas, porque no tenían escritura.

A modo de contexto, el libro relata en tres partes, la historia de los incas y de la colonización. La primera parte describe desde el mito de los orígenes incaicos, con el relato de los hermanos Ayar y la de Manco Capac y Mama Ocllo, hasta el de su final, cuando el inca Tupac Amaru primero, se refugia en Vilcabamba. En su segunda parte, explica cómo estuvo organizado el imperio incaico. El orden social y político del reinado inca impresionó mucho al mercedario. Y en la tercera parte describe la geografía y etnografía, el gobierno español y las ciudades que se fundaron, siempre con un tinte religioso, característico de la época.

Jamás imaginé que este libro fuera a tener una historia personal poderosa. Siempre había escuchado hablar de las famosas crónicas de indias, pero nunca me había sentado a leerlas, cuando lo hice años atrás me quedé dormida por el aburrimiento. Pues su prosa es de un español antiguo, que atrapa la vista y el sueño casi de inmediato.

La historia de aventuras del libro empieza cuando Murúa decide intentar publicarlo. Para conseguirlo recorre las provincias del virreynato en busca de su aprobación. No sólo buscó a los eclesiásticos y sus superiores en la iglesia de la Merced, sino también a los gobernadores en La Plata, Hilabaya (en Bolivia), Arequipa y al virrey del virreynato del Perú. Pero también al sumo sacerdote mercedario en España y al mismo rey de España.

Murúa murió cuando el rey de españa aprobó la publicación del libro. Y nunca llegó a publicar el libro. ironía del destino, ¿verdad? La orden de los Mercedarios en España se quedó con el texto y nunca se preocupó por darla a las prensas. Alguien en el convento, sin embargo, se quedó bajo su custodia y se llevó el libro a Salamanca y luego al Colegio Menor de Cuenca, a cuya biblioteca lo donó.

El libro de Murúa (Fray Martín) sufre el mismo destino que todos los libros de la biblioteca del Colegio Menor de Cuenca. Este antiguo colegio cierra sus puertas en el siglo XVIII y todos sus libros, en vez de pasar a la biblioteca de Salamanca, llega a la Librería Real, del rey de España.

¿Estaría el libro allí?

El libro figuraba en el inventario pero no estaba allí.

Apareció de pronto en la maleta del hermano de Napoleón Bonaparte cuando escapaba de España luego de que su reinado fracasó en la Península Ibérica. Pero el hermano Bonaparte es sorprendido en Vitoria, el norte de España, por el duque de Wellington, quien se lleva el equipaje del hermano de Napoleón. Y por ende también el libro.

En conclusión el libro aparece en Inglaterra en la biblioteca del duque de Wellington, olvidado, incluso arrinconado en la biblioteca del duque. Varias veces intentó Inglaterra devolver los libros a España, pero España nunca se preocupó por esa colección.

La obra quedó en la biblioteca de Apsley House -la residencia de Wellington en Londres-, hasta 1950, año en que el libro se descubre. La inspección de la biblioteca fue encomendada por el duque de Alba a un catedrático de la Universidad de Madrid, quien en 1951 dio la gran noticia: "Original Murúa localizado Biblioteca Duque Wellington".

Las historias de los libros son a veces mucho más facinantes que las de sus autores. Este es un caso real que podría trasladarse sin ningún problema al campo de la ficción.

Ahora tengo el libro en mis manos y me cuesta creer que este libro fue descubierto hace un poco más de cincuenta años en una fría biblioteca de Londres a mediados del siglo pasado. Un libro bastante grueso, la verdad.

viernes, diciembre 18, 2009

Diario bilbaíno 1*

Hace algunos años viví en Bilbao, la ciudad vasca, en el norte de España. Allí, con el pretexto de escribir todos los días, de hacer un ejercicio literario prematuro, escribí unos diarios. Aquí una pequeña entrega de mi primer día en la ciudad viscaína. Texto escrito en julio del 2000. Hace muchos años.



11 de julio 2000

Si a Julio Ramón Ribeyro, el escritor, le tocó una ventana que daba al patio de un edificio, pues a mí no me correspondió alguna. Mi habitación se viste de cuatro paredes rosadas, parecidas a un cajón funerario. Imagínense, una habitación del tamaño de un cajón de muerto (exagero un poco) y que encima está dentro de una casa, con una puerta de madera, algo extraña, que se comunica con una sala atiborrada de trastos viejos, entre ellos, los míos.


Escribo dentro de este recinto nuevo. ¿A dónde llegaré?, me pregunto. Acabo de llegar a esta ciudad hace unas cinco horas para empezar otra vez a adaptarme y a congeniar con gente de otra cultura. He estado en Pamplona, en Madrid, en Piura, y ahora, recorro las calles de Bilbao, y digo, que se parece a mi vida. La morfología de sus calles me recuerdan a los estratos de mis dudas, con subidas y bajadas que se inclinan por el esfuerzo al treparlas, y su olor a orín. Huele a triste. La humedad se pega por todas partes, como la tristeza de un mendigo clamando por pan.


El centro de Bilbao se parece a un laberinto medieval. Nada ordenado. Nada lógico. Las calles se entrecruzan y llegan a una plaza en donde veo insectos urbanos acostados en las aceras por efecto del alcohol. Ningún niño. Nada familiar. La gente transita con prisa, camina una calle, luego otra y se mete a una boca de metro abierta al lado de una cabeza de piedra de Unamuno, el escritor. Otra plaza. Una vida de pájaros. Palomas que revolotean alrededor de un charco de agua. Algún viejecillo leyendo su periódico sentado en una banca, semidormido. Y yo intento encontrar la lógica en este laberinto grisáceo. Siempre termino en el mismo sitio. Es mi primer día en Bilbao. Bilbao, una ciudad entre lo moderno y lo estático como las películas rodadas en un barrio negro de Nueva York.


Sí, esto es Bilbao y yo dentro de este cajón dormiré todas las noches, congeniaré con mis vecinos de cuarto y vacilaré sin parar cada vez que camine por las arterias del casco viejo. Hoy es un día absolutamente gris, con las nubes botando chorros de agua y busco adaptarme, lidiar con esta gente, a pesar de que mi otro yo diga “vete”.

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Acabo de llamar por teléfono a mamá. Es su cumpleaños. Tuve que caminar mucho para conseguir un teléfono. Encontré uno al lado de la cabeza de Unamuno. El paisaje sigue siendo el mismo que hace algunas horas. Casi nada de gente. La lluvia espantó a los borrachines y se los llevó a otra parte. Ninguna tienda está abierta. Aparece un punk. Me decido a llamar en esa cabina telefónica, lo más parecida al Perú. Escucho a mi madre, lejos. Lejos. Sería completamente feliz si estuviera allí aunque sea un segundo. Acariciar a mi perro, ver la campiña, hablar con mi hermano. En Arequipa siempre hay sol; en Bilbao, nubes. No soporto más y me quejo con mi madre que se oye en el otro hemisferio.


*Este diario se publicará por entregas.


miércoles, diciembre 16, 2009

Rubén Gonzaléz , el padre

Esta noche quiero compartir con ustedes, mis queridos lectores, este tema del cubano Rubén Gonzáles, antiguo miembro de Buena Vista Social Club. A este pianista lo descubrí hace algunos años en la sala de la casa de la hermana de mi padre, allá en Arequipa. Mi primo Mark puso el disco y nos pasamos aquella noche escuchando las grandes melodías de Rubén.
Su "cha-cha-cha" me recuerda además a mi padre y a sus grandes fiestas en nuestra antigua casa. Así aprendí a amar la música y a amar a mi padre.
Espero que disfruten de este tema del mismo modo como lo disfruto yo.

Los mataron por la espalda


La población estaba alerta, yo no sabía bien de qué iba el problema, simplemente que yo ya no podía caminar por allí

Hace algunos años viví en el norte del Perú, en una ciudad llamada Piura, lugar donde estudié y además trabajé por alrededor de 8 años. Recorrí su sierra, también su costa, pero sobre todo aquellos caminos que conducen todavía a lugares insospechosos, es decir, a sitios alejados aún no descubiertos por los ojos humanos; montañas, selvas tropicales, estepas. Todos los ecosistemas en una región.

Hace algunos días leí en los periódicos peruanos que unos comuneros de un pueblo llamado Huancabamba (lugar de shamanes) habían sido asesinados. Ellos estaban protestando (y están desde hace algún tiempo) en contra de los trabajos de una empresa minera: Monterrico Metals, conocida como Majaz, que desde hace algunos años está realizando trabajos de exploración en la zona; y obtuvo el permiso del gobierno peruano para "bajarse", y lo digo en buen peruano, un grupo de montañas en la única zona de selva de la región, conocida como Carmen de la Frontera.

Esta historia de Monterrico Metals y de los comuneros de la zona la estoy escuchando desde que me fui de Piura, año 2004, aproximadamente. La mina quería las licencias del gobierno peruano para explotar un depósito de cobre y molibeno. Los comuneros descontentos con el ingreso de esta empresa extranjera en su región se levantaron en forma de protesta.

En los años que recorrí la serranía de esta región nunca tuve problemas para transitar libremente de un poblado a otro. La última vez que fui la situación había cambiado. Los pobladores de casi toda la región, por lo menos de dos provincias, Ayabaca y Huancabamba, no me dejaban ir a ninguna parte. Si yo quería ir a la Laguna (un caserío) a entrevistar un grupo de pobladores, no me dejaban, "cualquiera podría secuestrarme", alegaban; ni siquiera participar en los eventos parroquiales. Al único lugar al que llegué fue Palo Blanco, un caserío al que sólo se llega caminando o en burro. El teniente alcalde tuvo que protegernos porque sino serían capaz de matarnos.

-Pueden pensar que eres minera.

Y esa fue la razón por la que ya no pude visitar Caxas, la ciudadela inca enterrada en una montaña; las lagunas Las Huaringas y su pueblo con setenta shamanes; y cientos de poblados a los que antes iba sin ningún problema, y la gente me recibía con los brazos abiertos.

Para mí es triste escuchar que dos comuneros fueron matados por la espalda a principios de noviembre en Carmen de la Frontera, pero es mucho más triste ver cómo la website de la mina tergiversa la información, alegando que los asesinados fueron gente de la mina.

No sé si esto es enfrentamiento armado. Sólo me apena ver cómo las autoridades peruanas otorgaron una licencia en el 2000 a una empresa extranjera que trae problemas a una región pobre. Es un riesgo además porque esta situación está despertando el terrorismo.

Por un lado entiendo el ritmo de vida del mundo. Como algunos dicen "lo importante es el beneficio", pero por el otro me parece una desfachatez, incluso una burla, que todo sea a costa de la vida de la gente que vivió allí toda su vida, generación tras generación, y que encima tergiversen la información.

Más información sobre este tema en:

http://www.larepublica.pe/archive/all/larepublica/20091216/1/node/238788/total/01
http://www.monterrico.co.uk/s/Home.asp

lunes, diciembre 14, 2009

Kuélap en la bruma de la historia


Todavía recuerdo la última vez que fui a Kuélap, unos restos arqueológicos en la ceja de selva peruana, pertenecientes a un grupo étnico pre-inca llamado la cultura Chachapoyas.

De la cultura Chachapoyas sé lamentablemente poco. La única información proviene de mis viajes por aquella región, dos veces en total, y de las pocas lecturas sobre su historia en los artículos escritos por Taylor, un académico francés que estudió la situación lingüística de la región, y de la posible lengua chachapoyana.

Kuélap es una fortaleza clavada en la cima de una montaña (ver foto). Fue descubierta antes que Machu Picchu y es visitada diariamente por turistas nacionales y extranjeros. En 1843 fue la primera vez en ser visitada.

Hoy, leo con cierto estupor una noticia en Living Peru, promocionado por facebook, link al que me adjunté hace algunos meses. La noticia anuncia un documental realizado por la Nathional Geographic acerca de Kuélap. Me parece una excelente iniciativa la de publicar un documental sobre el resto arqueológico chachapoyano, pero cuando me imagino lo que pudo haber involucrado la filmación de ése vídeo, me decepciono. Las imágenes de mi segundo y último paseo por Kuélap aparecen en mi mente, y con tristeza.

La segunda vez que viajé a Chachapoyas fue en el 2006; llegué con la ilusión de volver a ver ese monumento histórico que tanto me cautivó la primera vez. Hay una verdad. Volver a los lugares que uno visitó alguna vez puede traer dos tipos de reacciones, o de felicidad o de decepción.

Esta vez fue la decepción.

Cuando llegué a Kuélap vi lo mucho que había cambiado. Ya no era la fortaleza imponente de antes, con sus fuertes murallas venciendo el tiempo y esa cautivante soledad que inspiran los monumentos antiguos. Nada de eso. Un grupo de arqueólogos de una universidad trujillana estaban "refaccionando" el resto arqueológico. Y fue impresionante volver a verlo: Las piedras en los muros ya no estaban las-unas-pegadas-a-las-otras: los arqueólogos las habían desarmado como si se tratase de un rompecabezas (esa es labor arqueológica, sin criticar), pero reconstruyeron los muros utilizando cemento, técnica que nunca utilizaron los antepasados chachapoyanos. ¡Cemento entre las piedras de los antiguos chachapoyanos!

Kuélap ya no parecía un resto arqueológico sobreviviendo el tiempo. Al contrario, el monumento arqueológico parecía una fortaleza militar de otra época, un armatoste que había perdido su autenticidad a coste de un proyecto arqueológico dirigido por personas con escaso criterio. Estoy segura que esa misma gente invitó a la Nathional Geographic a filmar un documental. Si los espíritus chachapoyanos vieran, se revolcarían en sus tumbas, sin ninguna duda.

Y termino este artículo recordando una entrevista que le hice alguna vez a Federico Kauffmann Doig, quien afirmó:

"Cuando la Nathional Geographic llegó a filmar un documental sobre las momias de Leymebamba, el INC (Instituto Nacional de Cultura) transportó las momias en unas carretillas agrícolas de un lugar a otro, sin importarles el daño".

No voy a seguir describiendo la forma cómo se mantiene el Patrimonio en el Perú. Sólo doy unos ejemplos de lo que he visto.

Abierto


André Agassi es extraordinario. Acabo de verlo en la televisión holandesa ofreciendo una entrevista basada en su primer libro publicado llamado "Abierto" (¿parafraseando el US Open?), su autobiografía.

¿Podría uno imaginar que Agassi odiaba el tennis de joven? ¿y que además no sabía qué sentido darle a su vida?

Agassi aparece en la pantalla con esa cordialidad que a muchos cautiva, como a mí ahora. No imaginé escucharlo hablar con esa serenidad sobre su propia vida, incluso hacer bromas sobre ella.

Todavía no he leído su libro, pero me convenció ir a buscarlo a las librerías . Y su forma de persuadirme no fue necesariamente forzada; simplemente contó su vida.

Un extracto de sus comentarios aquí:

"Hay un momento de pesar, de culpabilidad, seguido por una tristeza inmensa. Luego llegó una oleada de euforia que barrió cada pensamiento negativo en mi cabeza. Yo nunca me había sentido tan vivo, tan lleno de esperanzas, y nunca he sentido tanta energía (...) Estaba preso de un deseo desesperado de limpiar. Fui llorando por mi casa, la limpié de arriba a abajo. Quité el polvo de muebles, limpié bañera e hice hasta las camas". (En: Televisa deportes. 23.10.09)

1977


...año en que nací.

El sábado pasado en el suplemento Babelia del diario El País Antonio Muñoz Molina publicó una columna relacionada a la lucha por la democracia con el título "1977".

1977 fue el año en que yo nací.

A mí me llamó la atención la fecha que utilizó Muñoz Molina para titular su artículo, por supuesto. Al abrir la página pensé: ¿Qué me quiere contar Muñoz Molina sobre el año en que yo nací? En ese momento se me apareció la imagen de Elvis Presley, El Rey, quien murió un mes antes de que yo llegara al mundo. Una forma interesante de atrapar la atención del lector.

Sin duda, si yo utilizara como título un año, como Orwell lo hizo con 1984, quizás no capturaría los ojos de muchos lectores. Pero Muñoz Molina captó mi atención con 1977. Y lo curioso es que habla sobre la muerte, y repito lo que publicó en su primer párrafo.

"La muerte de alguien empuja el tiempo de su vida hacia el pasado. Cuando uno va cumpliendo años, ese pasado de los que se han ido empieza a ser el suyo. Con cada muerte sucesiva, una parte de la propia vida se va quedando más lejos., y uno descubre con gradual estupor que tiene recuerdos muy clarosde cosas que para muchos otros, más jóvenes que él, están al otro lado de la frontera misteriosa del nacimiento..." (En: Babelia, Diario El País, 12.12.09)

El artículo "1977" de Muñoz Molina trata acerca de las primeras elecciones democráticas españolas después del tiempo de Franco, que fueron el 15 de junio del año 1977. La próxima vez que abra un periódico y vea como título el año en que nací pensaré en este otro evento histórico, sin duda, crucial para la democracia española.

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